Aprendiendo matemáticas en Oh! La luna

10 mayo, 2012 0 Por Marilo

Este sábado mi marido va a tener la suerte de asistir a un curso de Construimos Matemáticas que va a tener lugar en Oh! La luna. Lo imparte Malena Martín de Aprendiendo Matemáticas. Si no conocéis su trabajo, visitad su página, tiene muchísimos artículos interesantes e infinidad de ideas para introducir a nuestros peques en el apasionante mundo de las matemáticas (que no tiene mucho que ver con la forma de aprender del colegio). Los niños son curiosos por naturaleza y están deseando aprender y la mejor forma de aprender durante sus primeros años es mediante el juego.
En el blog De Monitos y Risas, hacen una presentación excelente del taller, lo transcribo literalmente. Podéis ver el original pinchando aquí.

Aprendiendo matemáticas en Oh! la luna

Proximamente, en Oh! la luna, tenemos a Malena Martín
y quería escribir algo acorde para introducir el curso que viene a
impartir. Pero luego he recordado un artículo de la propia web de
Malena, Aprendiendo Matemáticas,
y creo que expresa mucho mejor que yo el por qué de este curso. Así que
os lo comparto, aunque podéis ver la publicación original aquí.

Matemáticas y religión

Después de asistir a muchas clases de matemáticas, después de
preguntar y escuchar mucho a los alumnos, he encontrado un sentido muy
similar al religioso en el proceso de enseñanza-aprendizaje de esta
materia que se sigue en la mayoría de las aulas. ¿Por qué digo esto?
Muchos aprendizajes de los alumnos están basados en creencias. ¿Por
qué se corre un lugar a la izquierda el segundo producto parcial en una
multiplicación? ¿Por qué al dividir el signo menos por el signo menos se
obtiene el signo más? ¿Por qué cuando se multiplican polinomios se
suman los exponentes, pero se halla el producto de los coeficientes?
¿Por qué se cambia de signo al transponer términos en una ecuación?
Estas y muchas más preguntas son contestadas de la misma manera por los
alumnos: porque así me lo han dicho mis profes, y me creo lo que me
dicen. ¿Puedes explicar por qué? No. Para qué. Me han dicho que así está
bien, y punto.
Los que estamos comprometidos con una renovación de la metodología
matemática nos encontramos con muchos profesores que defienden los
planteamientos clásicos y gastados con una fe similar a la religiosa.
Parece que la forma tradicional de trabajar es tan intangible como el
mensaje divino, y nadie está autorizado a interpretar los evangelios de
una manera distinta.
Como en la parábola, muchos son los llamados al banquete del
conocimiento matemático. Concretamente, todos los alumnos en la etapa
obligatoria. Pero, al igual que en el Evangelio, son muy pocos los
elegidos. Son escasos los que pueden degustar sus manjares y menos
todavía los que sacan provecho de ellos. Esos pocos son, formalmente,
otro concepto profundamente religioso y que viene desde la Biblia: el
del “pueblo elegido”.
Se dice que el aprendizaje matemático no es cosa de broma ni de
juegos. Es algo muy serio, que requiere esfuerzos y sudores. Es un
camino de obstáculos, lleno de espinas, en el que se dan pocas
facilidades al que lo recorre. Esta concepción del proceso es isomorfa
con la concepción religiosa –antigua- de la vida: un valle de lágrimas,
un lugar al que se viene a sufrir, un sitio en el que quien disfrute o
se aproveche o no se ocupe de su salvación tendrá, en el otro mundo, un
castigo terrible.
Estamos en el año 2011. Hay que dejarse de creencias y prejuicios,
que no es más que estar absolutamente seguros de algo que no sabemos, y
asomarnos un poco a lo que dice la ciencia. Psiconeurólogos
cognitivistas de universidades muy prestigiosas, como Dehaene, Spelke,
Griffin, etc., utilizando las técnicas más avanzadas y estudiando lo que
ocurre en el cerebro de los niños cuando se enfrentan a tareas
matemáticas, han comenzado a aportar modelos científicos que explican el
funcionamiento de la mente en relación con el pensamiento matemático. Y
se ha llegado a conclusiones muy esclarecedoras. La matemática forma
parte del conjunto de herramientas con que se equipa, de serie, la
especie humana, y que le facilita su interacción con el medio. Se ha
detectado que, desde muy pequeños, los niños son capaces de desarrollar
tareas aritméticas y espaciales, y ello con independencia absoluta de la
procedencia social o étnica. En buena parte, esta capacidad intuitiva
es independiente de las que se corresponden con el lenguaje, y su mayor o
menor desarrollo depende de las experiencias de aprendizaje a que los
niños sean sometidos. No se ha descubierto nada parecido a un
determinismo matemático o a un gen aritmético que unos posean y otros
no. Todos estamos especialmente dotados para este tipo de procesos
mentales. Dehaene sostiene que nacemos con las intuiciones fundamentales
del espacio, del tiempo y de los números, y que tales intuiciones las
compartimos con bastantes especies animales. Se trataría de una herencia
que viene desde la aurora de los tiempos, y que ha jugado un papel
importantísimo en la supervivencia de la especie. La construcción
matemática no es más que la formalización y la relación de estas tres
grandes intuiciones, y esto ya sí es algo que sólo pueden realizar los
humanos.
Hay que ir cambiando el chip. En los pocos sitios en que se han
adoptado metodologías que han tenido en cuenta los hallazgos de la
ciencia y han roto la pesada cadena de los enfoques tradicionales, los
niños han aprendido muy por encima del nivel esperado, han comprendido
en profundidad los conceptos y, por si fuera poco, han disfrutado mucho
con su trabajo. Hay que actualizarse. De la misma manera que no
permitiríamos que un médico nos tratara con las técnicas de hace
cincuenta años, tampoco debería continuar por más tiempo un sistema de
enseñanza que, en lo esencial, no ha cambiado desde hace décadas.
Alguien dijo que la resolución del conflicto entre judíos y
palestinos era muy fácil: bastaría con que, en lugar de enfrentar a sus
religiones, aplicaran lo que ellas dicen. A lo mejor también es fácil
solucionar el tradicional déficit de aprendizaje matemático: podría
bastar con comenzar a aplicar lo que nos dice la ciencia.
Jaime Martínez Montero
Algoritmos ABN
Pues de esto va este curso, de disfrutar las matemáticas.

Y yo espero que mi marido aproveche muchísimo el curso para que nuestros hijos puedan divertirse aprendiendo matemáticas.