Bienestar social: crónica de una muerte anunciada… y por todos nosotros consentida

Bienestar social: crónica de una muerte anunciada… y por todos nosotros consentida

9 mayo, 2012 6 Por Marilo

Hoy tenía previsto publicar otra entrada, pero la autora de este genial texto me ha dado permiso para compartirlo y quería hacerme eco. Podéis leer el original aquí.
Os transcribo el texto literalmente, no tiene desperdicio.

bienestar social: crónica de una muerte anunciada… y por todos nosotros consentida.

Hoy
estoy indignada. Muy, muy enfadada. Avergonzada de mí misma, de la generación a
la que pertenezco y de la sociedad en la que vivo y de la que formo parte.

¿Cómo
hemos dejado que nos birlaran impunemente la red de bienestar social que con
tanto esfuerzo han conseguido para nosotros nuestros mayores? ¿Cómo estamos permitiendo que nos esquilmen sin protestar? Y digo protestar, no rezongar por lo bajinis mientras día a
día leemos en el periódico los nuevos recortes que estamos dejando que nos
apliquen.
¿Cómo
es posible que no salgamos a la calle a reclamar lo que es nuestro? ¿Qué
digamos un basta ya tan rotundo que
no haya maquillaje mediático que sea capaz de encubrir las riadas de gente en
las calles, de acallar el clamor popular?
Vergüenza
me da si esta situación sigue adelante y en unos años tengo que explicarle a mi
hijo como permití que nos robaran el derecho a la salud, a la educación, a una
red de protección social básica.
En
serio, ¿somos conscientes de lo que
estamos permitiendo, de lo que estamos co-creando con nuestro silencio y
nuestra permisividad
? Nos estamos dejando comer la tostada, que diría mi
padre; nos están ninguneando, que diría mi madre; somos tontos de remate, digo
yo. Porque si tonto es el que hace tonterías, creo que como generación no hay
tontería más grande que permitir el derrumbe del bienestar social.
Y
parece que nos importa un pimiento, que no va con nosotros, burgueses de
pacotilla cómodamente instalados en nuestro silloncito Ikea, viendo las
noticias en la tele de plasma de 32”, y sin movernos mucho por miedo a perder
lo que tenemos (¿¡!?). Sin darnos cuenta que el bienestar público no por público cae en el limbo de “los otros” sino
que es de todos y somos todos y cada uno de nosotros los que tenemos que
cuidarlo y defenderlo
.
No
tenemos redaños, parece que la sangre se nos ha quedado congelada en las
vísceras, estamos atenazados por el miedo, empequeñecidos en nuestro egoísmo,
oxidados en nuestra individualidad, acomodados, aburguesados, infantilizados.
Esperando que alguien, otro, nos saque las castañas del fuego, que venga a
salvarnos, que arregle las cosas… ¡ Y así nos va!
Culpando
al otro, al gobierno, como si el gobierno fuera un ente que aparece de la nada
en lugar de la representación que nosotros como ciudadanos de este país hemos
elegido para liderarnos. ¡Por favor, comencemos
a portarnos como adultos, asumamos nuestra parte de responsabilidad en toda la
situación mundial, recuperemos nuestra voz y nuestro poder y hagamos valer
nuestros derechos y necesidades
!
Llevo
24 años trabajando y durante todo este tiempo he aportado una parte de mi
sueldo para contribuir a una sociedad más solidaria.
Y
aunque ese dinerito me hubiera venido muy bien para mis cositas, realmente he contribuido
de buen grado. Porque aunque afortunadamente no he necesitado recurrir a la
sanidad publica para nada importante, quiero pensar que si algún día enfermo
tendré la mejor atención posible, y solo tendré que pensar en recuperarme, no
en como pagar las facturas. Quiero creer que aunque no esté en absoluto de
acuerdo con el modelo educativo, mi hijo tendrá acceso a una educación y podrá
disponer de los recursos necesarios para formarse según sus deseos y
habilidades. Quiero tener la tranquilidad de saber que si por cualquier motivo
me quedo sin trabajo, podré pagar el alquiler y la comida mientras encuentro
otro.
Porque
deseo vivir en una sociedad lo más justa
e igualitaria posible
, en la que cualquiera, independientemente de edad,
sexo, raza, religión, clase social esté mínimamente amparada cuando la vida le
presente su lado amargo.
Por
fortuna en estos últimos 50 años hemos conseguido mejorar nuestra calidad de
vida. Por desgracia en el camino nos hemos olvidado que hace tan solo unas décadas la salud y la educación eran cosas de ricos,
que los derechos de los trabajadores ¡ah, espera, que los trabajadores no
teníamos derechos!
Nos
hemos acostumbrado a disponer libremente de una sanidad de calidad, de unos
recursos académicos al alcance de todos que los damos por sentados, sin
valorarlos en su justa medida.
Y
no es por ponerme trágica, ojalá me equivoque de medio a medio y en breve no
nos veamos obligadas a elegir entre comer y pagar la factura del medico de
nuestro hijo, o tengamos que elegir a cual de nuestros hijos les pagamos los
estudios o…
Y
no, no exagero porque ahí es hacia donde vamos como no movamos el culo ya y
tomemos las riendas de nuestra vida de una vez por todas.
Y
ojo, que en temas socio-políticos y económicos no soy especialmente
clarividente, pero soy curiosa y me gusta informarme por varias vías de lo que
sucede en el mundo. Y aún a riesgo que me tachéis de cospiranóica todo lo que
está pasando ahora, y todo lo que probablemente va a suceder en España y en
Europa y en el mundo en las próximas décadas, está contado  con pelos y señales desde hace años en
documentales como “La doctrina del Shock”,
Zeitgeist” o cualquiera de los
documentales de Michael Moore (si queréis haceros una idea de lo que es vivir
con una sanidad privatizada os recomiendo encarecidamente “Sicko”)  por citar solo unas
pocas de las fuentes más conocidas.
Si
en algo te está removiendo estoy que escribo y te está entrando el gusanillo de
salir del letargo y poner tu granito de arena para  cambiar esta situación,  te diré que ya somos dos. Y no, yo tampoco se muy bien que hacer, yo
también me siento sobrepasada e impotente, pero sé que ya no puedo permanecer
más tiempo callada e inmóvil.
Se
me ocurre que podemos empezar por reconocer el poder de nuestra voz, salir a la
calle, unirnos a las manifestaciones de diferentes colectivos para salvaguardar
nuestros derechos, en lugar de quedarnos en casa pensando que la educación es
cosa de maestros y la sanidad es un tema de los médicos.
Y
si nuestros dirigentes no nos escuchan y siguen escudándose en el fantasma de
la crisis para desposeernos de nuestros derechos básicos, si siguen recortando
de temas vitales para la mayoría de la población mientras despilfarran nuestros
recursos llenando bolsillos privados, siempre podemos elegir otros
representantes que nos lideren.
Desde
luego como no vamos a conseguir nada es quedándonos quietos y callados. Entre
todas podemos encontrar la manera de salir de este atolladero y recuperar un
estado de bienestar como primer paso para un retorno a una sociedad matrística.
¿Te atreves
a hablar ahora o prefieres callar para siempre?

Luchemos para seguir teniendo esos derechos que a los que nos precedieron les costó tanto tener. Que nuestros hijos puedan vivir en una sociedad mejor, más igualitaria, más justa y en la que no haya que elegir entre derechos primarios porque sean demasiado costosos para asumirlos.