Aprendiendo signos para bebés con A.

13 junio, 2012 2 Por Marilo

Cuando P. era bebé y yo empecé a pasearme por los blogs de maternidad, me encontré con éste interesante post en el blog De Monitos y Risas y a partir de ahí llegué a la página de Cinco deditos. Deciros que me encantó es poco, me quedé totalmente impactada, pero P. tenía ya 9 meses y pensé que era tarde para empezar con él. Cuando nació A., pasado el tiempo de adaptación en el que no podía ni peinarme casi, retomé mi rutina de lectura de blogs y en mis favoritos estaba esperándome, y esta vez si que me lancé, así que me compré el kit y empecé a practicar con A.
No nos aprendemos muchos signos, sólo los que creo que él necesita y vamos ampliando, también los hace P. para él es como un juego y así le involucro también en todas las cosas que se hacen en casa. Os comparto el prólogo, realizado por el psicólogo Ramón Soler, que os puedo asegurar que lo explica mucho mejor que yo.

Imagine que Usted se despierta una mañana ronco, completamente afónico y sin poder pronunciar una palabra. No puede hablar con su pareja ni con el resto de su familia. Cuando necesita algo, no puede pedirlo; cuando quiere comer, no sabe cómo hacerse entender. Les puede escuchar y comprende perfectamente lo que hablan, pero nadie capta lo que quiere decir y, por lo tanto, no pueden ayudarle ni complacerle. La frustración que Usted siente es total. Seguro que, de manera instintiva, se le ocurre hacer gestos con las manos para que puedan entenderle, pero imaginemos que ni siquiera los gestos funcionan y Usted sigue teniendo hambre, quizás la única alternativa que le quede para comunicarse, sea llorar y patalear esperando que los demás se den cuenta de lo que necesita. Por otra parte, los miembros de su familia advierten que le pasa algo, pero, como no pueden comprenderle, ellos también se frustran y no saben cómo resolver la situación.


El escenario que le he descrito le parecerá improbable, irreal e, incluso, absurdo. No obstante, esta situación se da de forma muy parecida cada día en miles de hogares de todo el mundo. No estábamos ante un caso hipotético, estaba recreando los sentimientos y emociones negativas que experimentan muchos bebés en sus primeros meses de vida.


En las últimas décadas, los conocimientos sobre el desarrollo cerebral de los bebés en el embarazo y en los primeros meses de vida han avanzado enormemente. Sabemos, que los bebés, nada más nacer, reconocen la voz de su madre y pueden recordar y reconocer melodías que escuchan durante su etapa uterina. Además, se ha comprobado, que los recién nacidos son capaces de diferenciar palabras pronunciadas en su lengua materna de otras habladas en otros idiomas, e incluso, pueden discernir si una palabra es inventada y carece de significado. Estos y otros muchos descubrimientos nos indican que los bebés tienen una predisposición innata para el lenguaje.

Por otro lado, los psicólogos que nos dedicamos a la Terapia Regresiva, a diario comprobamos en nuestra consulta cómo se puede acceder a los recuerdos de esos primeros momentos de vida (y también del embarazo). Gracias a estas experiencias, sabemos que los bebés son totalmente conscientes de lo que sucede a su alrededor, comprenden las emociones de las personas que le cuidan y sienten plenamente todos los sucesos de su vida.

Desgraciadamente, aún hay mucha gente que piensa en los bebés como meros seres pasivos, sin conciencia. Todavía es habitual eso de «hasta los tres años no se enteran de nada» o «son más divertidos cuando son más mayorcitos, cuando pueden hablar e interactuar». Las limitaciones de comunicación de los bebés se deben únicamente a que su aparato fonador (boca, garganta, etc.) no está todavía preparado. Sin embargo, los bebés están deseando comunicarse y podemos aprovechar sus movimientos de brazos y manos para entender lo que quieren expresar.

Claudia Carter nos presenta un sistema novedoso en España, traído de Estados Unidos, para dotar a los bebés de unas herramientas comunicativas que pueden empezar a utilizar desde que son muy pequeños. Se trata de utilizar la lengua de signos con los bebés de pocos meses para que puedan expresar sus necesidades básicas, sus preferencias y muchas cosas más.

En la primera parte del libro, la autora nos introduce este práctico método para que los bebés aprendan a comunicarse desde pequeñitos. Nos fascinaremos por sus virtudes y descartaremos los falsos prejuicios que nos puedan surgir debidos, más que nada, al desconocimiento. Más adelante, tenemos una extensa colección de signos, ordenados por temas, para que podamos empezar a practicar cuanto antes.

 Poder mirar a los bebés con otros ojos

La capacidad de comunicar hace que apreciemos la inteligencia del otro. Cuando, en la segunda mitad del siglo pasado, veíamos grabaciones de chimpancés o gorilas a los que habían enseñado el lenguaje de signos, todos nos asombramos cuando les veíamos hacer signos para pedir plátano o manzana. A pesar de que estas experiencias han sufrido algunas críticas, no podemos negar que nuestra forma de ver a nuestros parientes cercanos, los primates, cambió para siempre. Ahora somos más consciente de que la línea que nos separa es mucho más estrecha de lo que pensábamos.

La forma en que vemos a nuestros bebés cambiará radicalmente cuando comprobemos que comprenden mucho más de lo que parece y, además, lo pueden expresar. Con este método que nos presenta Claudia Carter, asistiremos en primera fila al asombroso desarrollo de la personalidad y la inteligencia de nuestros hijos.

Los primeros beneficiados de este método serán los propios bebés. Al poder comunicarse, se sienten comprendidos, sus necesidades son rápidamente satisfechas y su frustración se reduce. Asimismo, los padres entenderán mejor a su bebé, conocerán mejor sus gustos y podrán poner medios para evitar situaciones problemáticas. Dotar a los bebés con un lenguaje desde sus primeros meses de vida, facilita que los niños aprendan con prontitud el valor de la comunicación, lo que es una gran ventaja para ellos cuando llegan a edades en las que son habituales las rabietas y los episodios de frustración. De hecho, el paso de ser bebé a ser niño, hacia los dos años, es mucho más suave en niños que pueden expresarse con facilidad. Los padres que aprenden a comunicarse con sus hijos desde que son pequeños comprueban cómo los niños crecen más tranquilos, con un mayor desarrollo del lenguaje y más seguros de sí mismos. 


Mi esperanza es que este libro pueda ayudar a tener niños más felices que crezcan sanos física y emocionalmente para poder contribuir al cambio que necesita nuestra sociedad. Es prioritario que eduquemos en el respeto y la empatía, por nosotros y por un mejor futuro para la humanidad.

Yo no pretendo que mi peque sea más inteligente, pero si por saberse alguno de estos signos puedo evitar que se frustre aunque sea un poco menos, daré por bien empleado este método.

Fuente:

Cinco deditos