Los niños no son objetos… ¡son personas!

Los niños no son objetos… ¡son personas!

15 julio, 2012 3 Por Marilo

Hoy tengo muy poquito tiempo porque en breve nos vamos al teatro con los peques, pero quería compartir con vosotros una preciosa reflexión de Sarai Llamas que tengo guardada desde hace mucho. Os transcribo literalmente, podéis leer el original aquí:

Los niños no son objetos… ¡son personas!

¿Por qué esta reciente obsesión en buscar y difundir “métodos” para educar a los niños?
Los
libros, las revistas, algunos programas de televisión… dan a conocer
estos “métodos”, la gran mayoría de ellos sin algún valor científico ni
pedagógico. 
Es
de verdad muy triste pensar que todo esto hace de los niños tan solo
“objetos que deben configurarse” como los electrodomésticos.
¿Por
qué tenemos que hacerlo? Con el fin de que no molesten a sus padres,
¡naturalmente!. Pero también para poder comercializar dichos “métodos” a
través de operaciones de mercado que enriquecen a los autores y
empobrecen los afectos.
Sí, porque en nuestra sociedad actual, hecha de padres que siempre tienen prisa — hijos de la cultura en la cual “si el niño llora, déjalo, que se le ensanchan los pulmones” —, trabajadores indefensos que tienen que hacer de todo a causa de una situación económica de verdad preocupante, los niños no son comprendidos.
Todo
esto ofusca los valores familiares, los bebés vienen considerados como
un estorbo, el tiempo dedicado a estar con ellos siempre es menos y los
padres están cada vez más cansados.
Y los entiendo, de verdad.
Pero
hay también que comprender a esos padres (que son cada vez más) que,
aún trabajando y quizás sin demasiada ayuda por parte de los demás, sin
embargo, logran con alegría y satisfacción arreglárselas solos, sin un
método, sin un experto dispuesto a sacar del horno reglas dictatoriales
sobre el sueño o sobre la alimentación de los más pequeños, “solamente”
estando junto a sus hijos y considerándolos personas con sentimientos y
merecedores de respeto y escucha.

Somos
siempre más aquellos padres que nos informamos y damos valor a las
necesidades afectivas de los niños y, de igual manera, cada vez son más
las fuentes competentes de las cuales aprender. Basta únicamente
involucrarse en profundidad.
Me
alarma esta anulación de la capacidad crítica de los padres, algo
fuertemente deseado por el mercado que gira en torno a los
padres-consumidores.
Pocos
se dan cuenta hasta qué punto la manera en la que hemos sido educados
condiciona el modo en el que crecemos a nuestros hijos.
Los
padres están más familiarizados con una “niñera” o “pediatra” o
“experto” que da órdenes del mismo modo en el que ellos han sido
ordenados, y optan por no dar ese salto generacional que les conduciría
únicamente a hacer una elección informada y consciente.
Los
argumentos en cuestión son infinitos: cómo manejar el embarazo, el
parto, la lactancia materna, el sueño (que siempre es el tema estrella),
la alimentación complementaria, los pañales, la vuelta al trabajo de la
madres, las crisis de la edad adolescente…
Lo que quiero destacar en esta reflexión es que criar a los hijos sin utilizar “métodos” ajenos es posible.
Se puede pensar por sí mismo y, mejor aún, escuchar el propio corazón y el propio instinto.
Se puede dormir con los hijos (siempre que sea posible) y esto beneficiará a su autonomía y al sueño de toda la familia.
Se puede dar el pecho el tiempo que se quiera y los niños serán independientes y felices.
Se le puede dar a los niños pequeños lo que se come en casa (eso sí, prestando atención y con cierta “prudencia”).
Se puede apagar la televisión y limitar los videojuegos.
Se puedan dar largos paseos al aire libre dejando estar ese montón de ropa para planchar.
Nuestros hijos son pequeños por poco tiempo: un día cerrarán la puerta de casa y no sabremos dónde o con quién van.
Podemos comenzar a cambiar el mundo empezando por cambiar su pequeño mundo.
En
muchos países (en la mayoría, por desgracia) no existen ejemplos
visuales: muchas mamás que dan el pecho a niños de más de un año se
avergüenzan de hacerlo en público. Muchos padres no le dicen a nadie que
duermen con sus hijos porque temen las críticas.
Somos rehenes del miedo a ser catalogados como malos padres de niños malcriados.
Nuestros hijos nos necesitan y punto: incluso nuestros errores servirán para crecer, tanto a nuestros hijos como a nosotros.
Los
hijos son una grande oportunidad para conocernos mejor a nosotros
mismos, no nos la podemos dejar arrebatar por parte de unos extraños
interesados en vendernos un producto.
Recuperemos nuestra capacidad crítica y nuestras competencias afectivas atendiendo las necesidades esenciales de nuestros hijos.
Confrontemos
nuestra cultura de bajo contacto y adultos dependientes con las
culturas de alto contacto donde niños y adultos conviven en total
armonía.
¿No
habrá llegado el momento de creer en nosotros mismos como padres y de
tener el coraje de ir contracorriente educando en el respeto reciproco
entre padres e hijos?
¿No será que nuestra sociedad no está hecha a medida de los niños?
Hagamos
un ejercicio de objetividad: los niños que han sido criados con apego
¿son malcriados, caprichosos, dependientes y poco autónomos?
Ya me diréis, pero pienso de saber ya vuestras respuestas.

Basado en un artículo de bambinonaturale.it

Espero que os haya gustado tanto como a mi y que terminéis fenomenal el fin de semana.